Telefonía movil, wifi y cancer: mitología pura

 

 

 

 

 

 

 

 

En los últimos años estamos viendo una escalada en la creencia popular en que las antenas de telefonía móvil y el wifi, producen cáncer y otras enfermedades , llegando, incluso, al ámbito político.

 

 

 

El caso es que poco, o nada, ha importado que las pruebas científicas no hayan encontrado ninguna relación entre las ondas de telefonía movil y el wifi con el desarrollo de ningún tipo de cáncer. Aunque si tenemos en cuenta que todavía hay gente que cree que los hornos microondas o los sujetadores con aros lo producen, lo que no se es de que nos extrañamos. Y todo ello, pese a que la propia Organización Mundial de la Salud dice, claramente:

 

 

 

Conclusiones: Ninguna evaluación nacional o internacional reciente ha concluido que la exposición a los campos de RF de los teléfonos móviles o de sus estaciones base tenga consecuencias adversas para la salud.

 

 

 

 

 

 

Aunque claro, todos los defensores de la malignidad de las ondas electromagnéticas, defienden que la OMS está al servicio de los grandes servicios financieros y empresariales del mundo, excepto para recordarnos que las ondas de telefonía móvil fueron incluidas en la categoría 2B, como posiblemente cancerígenos, junto con otros elementos tan peligrosos como el café . Pero es justo señalar que son ellos los que dan el pistoletazo de salida, introduciendolas en este grupo, a partir de un informe de INTERPHONE  cuyo resumen comienza con esta frase: «Se observó una reducción de la proporción de glioma y meningioma para aquellas personas que fueron usuarios habituales de móvil.». Pero… ¿no decíamos que es posible que produzca cáncer? 

 

 

 

Entonces, ¿Qué falla con este estudio? Lo mismo que con prácticamente todos los demás:

 

 

 

 

 

  1. Sesgo de memoria. Son estudios retrospectivos, en los que preguntan hoy cuánto usé el móvil cuando se cayeron las Torres Gemelas. Obviamente, quienes tienen un cáncer craneal se acordarán mejor de aquello que creen que lo pudo causar… como si usaron el móvil o no. Por lo tanto, el estudio posiblemente tienda a sobrestimar el efecto.
  2. Estudio metralleta. Dispone de un montón de datos sobre miles de personas… y aprovecha para comparar todo con todo. Así pues, sólo por azar encontraremos resultados “estadísticamente significativos” (la significación estadística se fija en un 5% de probabilidades de aceptar como válidos esos resultados cuando realmente no lo son). Por lo tanto, cuantas más comparaciones hagamos, más probabilidades tendremos de encontrar falsos positivos, resultados significativos donde realmente no los hay.
  3. Ausencia de relación dosis-respuesta. Si trabajar es causa para ganar dinero, cuanto más trabaje, más dinero ganaré (o eso se supone). Y si hablar por teléfono causa cáncer, cuanto más hable, más cartas tendré para desarrollar un cáncer. Sin embargo, esa relación no se ha observado en los estudios: de hecho, en el INTERPHONE ocurre algo curioso, y es que el segundo grupo que más usa el móvil… ¡es el que menos cáncer tiene!

 

 

 

Resumiendo: los estudios publicados coinciden casi unánimemente en afirmar que no existe una relación entre móviles y cáncer, y los pocos que encuentra una relación (a favor o en contra) pueden ser explicados perfectamente como resultado del error estadístico.

 

 

 

 

 

 

Base científica

 

 

 

Para poder saber si estas ondas producen cáncer, primero deberíamos saber que es:

 

 

 

Se trata de la reproducción incontrolada de una célula, que ocurre por una acumulación de errores en los genes que controlan los mecanismos de regulación. En general el comportamiento de las células cancerosas se caracteriza por escapar al control reproductivo que requería su función original, perdiendo sus capacidades primitivas y adquiriendo otras que no les corresponden, invadiendo de forma progresiva y por distintas vías órganos próximos, o incluso diseminándose a distancia (metástasis), con crecimiento y división más allá de los límites normales del órgano al que pertenecían primitivamente, diseminándose por el organismo fundamentalmente a través del sistema linfático o el sistema circulatorio, y ocasionando el crecimiento de nuevos tumores en otras partes del cuerpo alejadas de la localización original. Por lo tanto, para causar un cáncer tenemos que alterar genes (oncogenes y genes supresores de tumores: Rb, p53, p21, Fas…)

 

 

 

 

 

 

Por lo tanto, para causar un cáncer tenemos que alterar esos genes, por ejemplo mediante agentes químicos que hagan un lío en las hebras de ADN, o con radiaciones ionizantes. ¿Por qué ionizantes? Porque son las que tienen la capacidad de alterar los átomos y los enlaces de la cadena de ADN, rompiéndola o formando puentes “artificiales”, bien de forma directa (neutrones, partículas beta) o bien creando productos intermedios (especies reactivas de oxígeno) como hacen los fotones. Pero para que un fotón sea capaz de ionizar un átomo y, en último término, causar cáncer, debe tener una energía mínima, que oscila entre 7,5-30 electronvoltios1 (o incluso 1 eV, de manera experimental2).

 

 

 

¿Y cuánta energía tienen los fotones de radiación electromagnética que emite mi móvil mientras hablo? Lo podemos calcular mediante la ley de Planck, que dice que la energía del fotón es igual a la constante de Planck multiplicada por la frecuencia de la onda: E=hν Un móvil funciona a una frecuencia de 900-1800 MHz: a eso le corresponde una energía de 0,000008 eV, o sea una millonésima parte de la que haría falta para romper el ADN y poder producir cáncer (por el contrario, los rayos X de las radiografías tienen una energía de 124 eV). 

 

 

 

(Fuente: perarduaadastra).

 

 

 

Aún así, también se han hecho estudios, tras los cuales la conclusión es que no hay ninguna base científica para asegurar que las radiaciones de telefonía móvil produzcan cáncer, tal y como apuntan en un editorial en el Journal of the National Cancer Institute, o en numerosos estudios la propia OMS. Ni tan siquiera los responsables del informe en el que se basó la OMS para incluirlo en la categoría 2B aportan ninguna prueba en su artículo en The Lancet Oncology.

 

 

 

Intereses

 

 

 

Pero hay otra pregunta a ese respecto: ¿Hay alguien que saque tajada de todo esto? La respuesta es SI. Al menos, aquí en españa  Geosanix, la Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental, así como su plataforma asociada Escuela sin Wifi , que lejos de lo que aparenta, no es una plataforma independiente y que son los reponsables de la “carta antiantenas“. 

 

 

Conclusiones

 

 

 

El miedo a que las antenas de telefonía móvil y el wifi provoquen cáncer tiene poco de ciencia y mucho de cara dura de unos cuantos aprovechados de la ignorancia de la mayor parte de la población. No hay ninguna evidencia de que las radiaciones no ionizantes tengan ninguna relación con el cáncer. Sin embargo es curiosa la poca preocupación que estas organizaciones, y la población en general, a ese respecto con las cabinas de rayos uva, o a las largas exposiciones al sol, los cuales SI han demostrado  tener cierta relación.

 

 

 

Es un desastre que en pleno siglo XXI, el miedo y la ignorancia creen mitos y leyendas creídas sin ninguna base y a la cual acuden personas sin escrúpulos a lucrarse, como buitres a la carroña. un poco más de educación no vendría mal.

Acerca de sebasthianmedicine

Doctor
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